Cuenta Santa Teresa de Jesús en su libro de la
Vida, que un día se encontraba leyendo y el demonio se puso encima de su
libro. La santa se santiguó y el demonio se fue. Sin embargo, cuando bajó
nuevamente la mirada, el demonio volvió a hacerse presente. Esto le ocurrió
tres veces seguidas hasta que a Teresa se le ocurrió echarle agua bendita. Sólo
entonces pudo continuar su lectura. Tiempo después escribió: "Tengo
mucha experiencia de que no hay nada como el agua bendita para hacer huir al
demonio y que no vuelva".
El agua bendita es un sacramental de la Iglesia Católica. Los
sacramentales son "signos sagrados con los que, imitando de alguna manera
a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por
la intercesión de la Iglesia". Esto quiere decir que con el uso de un
sacramental, como el agua bendita o las bendiciones de personas y objetos, el
cristiano se beneficia de los bienes espirituales que la Iglesia conserva como
un tesoro que le ha dado Dios para que los administre a todos los hombres.
El agua bendita es un signo de purificación y, aunque no confiere la
gracia del Espíritu Santo porque no es un sacramento, prepara a la persona a
recibirla. Este es uno de los motivos por los que a la entrada de las iglesias
hay una pila o recipiente con agua bendita para los fieles que se quieran
signar con ella antes de entrar a rezar.
Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica asegura que "el agua
bendita sirve contra el asalto externo del demonio. Mientras que el exorcismo
se destina contra los asalto internos".
Y explica que el agua bendita es un arma tan poderosa que, siempre y cuando
haya arrepentimiento, puede perdonar los pecados veniales. Así lo explica:
"La bendición episcopal, la aspersión del agua bendita, una unción
sagrada, la oración en una iglesia consagrada y cualquier otra práctica
semejante producen la remisión de los pecados".
Al igual que Tomás de Aquino y Teresa de Ávila son innumerables los testimonios
de santos y fieles que han sido testigos del poder del agua bendita, el cual,
además de recordar a los fieles el bautismo y ser un signo de purificación, es
un arma infalible contra el demonio.
Comentarios
Publicar un comentario