La Iglesia

Se conoce como la Biblia a un conjunto de textos religiosos que sirven de sustento sagrado tanto a la religión judía (Antiguo Testamento) como cristiana (Antiguo y Nuevo Testamentos). Se trata del libro más vendido de todos los tiempos, con 100 millones de copias anuales, traducido a 2454 idiomas.


La Biblia es probablemente uno de los libros más influyentes de la historia de la humanidad, dada la importancia que tuvo el Cristianismo en el destino de Occidente y el mundo. Durante el medioevo cristiano constituyó el libro legal por el que la Iglesia Católica gobernó los modos de vida en Europa.

En la Biblia se narran una serie extensa y diversa de relatos que en un principio eran documentos separados. Se cuenta desde el origen del mundo y de la humanidad, creados del barro primigenio por Dios en el Jardín del Edén, hasta el fin del mismo y el Día del Juicio Final.

Se incluyen también los relatos de vida de los profetas antiguos y, en la cristiana, la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret. En el Nuevo Testamento se lo presenta como el último de los profetas y el hijo de Dios.

El término ‘Biblia’ proviene de la expresión griega ta Biblía ta hágia (“Los libros sagrados”). Era empleada por los hebreos de habla griega de los tiempos previos a Jesús de Nazaret para referirse al Antiguo Testamento. Mucho después los primeros cristianos la usaron para nombrar al conjunto de los textos del antiguo y nuevo testamentos.

Estructura de la Biblia

La Biblia se divide en distintos “libros”, cada uno de los cuales constituye un tomo independiente y con un sentido dado y particular. Puede ser sumamente distinto del siguiente en tono, extensión y contenido.

Esto significa que puede haber cantos de alabanza a Dios (como en el Libro de los Salmos, con 150 cantos distintos), narraciones o cartas (como en la Epístola de Judas, de media página).

Los libros de la Biblia están organizados en base al Antiguo y Nuevo Testamentos. Dependiendo del canon bíblico que se acepte, el conjunto contendrá unos u otros documentos.

Un ejemplo de canon distinto al católico es la traducción alemana que Martín Lutero hizo de la Biblia. Este fundador del protestantismo optó por incluir los libros apócrifos, al final, como un apéndice edificante. Se oponía así a la versión aceptada y promovida por la Iglesia.



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